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Una curiosa historia ... by Ana Garmendia

 


 El origen del pentagrama en el que se representan las notas musicales y sus sonidos tiene una explicación realmente curiosa.

Fue en el siglo X que comenzaron a usarse líneas para señalar con cierta exactitud la altura de los sonidos musicales. En un principio se usó una línea roja trazada sobre el texto escrito en el pergamino señalaba el sonido Fa y servía como referencia para los demás sonidos; luego, se añadió una segunda línea de color amarillo que representaba un DO. Finalmente, el monje benedictino Guido D ́Arezzo (995-1050) añadió otras dos líneas más creando el tetragrama o pauta de cuatro líneas (antecedente del pentagrama) que permitió representar con más precisión la altura de la notas, su duración y hasta cierta división en compases.

Fue en el siglo XIII cuando Ugolino de Forlí añadió una quinta línea y se creó el pentagrama definitivo, basado en los parámetros que ideó D’Arezzo. Sin embargo, éste no fue aceptado en la mayor parte de Europa hasta avanzado el siglo XV.

El uso de esta pauta musical se generalizó en Francia en el siglo XVI y se asentó definitivamente en toda Europa a partir del siglo XVII.

Pero esto, que hoy nos parece tan elemental, consistió en dar un nombre a cada uno de los sonidos de la escala, y tiene su verdadero origen en el famoso “himno de san Juan” de Guido de Arezzo que dice:

UT queant laxis

REsonare fibras

MIra gestorum

FAmuli tuorum

SOLue poluti

LAbii reatum

Sancte Ioannes

A la sílaba inicial de cada verso corresponde en la pauta un sonido de diferente altura y, en su conjunto, forman los sonidos fundamentales de nuestra escala (do, re, mi, fa, sol, la…). La denominación de UT (nuestro DO actual), y se conserva vigente en Francia.

El sonido correspondiente a la nota SI fue incorporado con posterioridad.

El hecho de dar a cada sonido un valor temporal en relación con los que le acompañan, la duración, mensuración, empezó a estructurarse en el pentagrama como una incipiente disciplina a lo largo del siglo XIII.

 

Ana Garmendia

 

  


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